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martes, 18 de marzo de 2008

En USA se castiga la arrechera sexual y se premia la arrechera por la guerra

bush premia asesinos y castiga infieles

Eliot Spitzer había cultivado una reputación de hombre fuerte como fiscal en New York en los años 90, enjuiciando ya fuera a la mafia de la familia Gambino o a la mafia de Wall Street. Como gobernador demócrata, estaba impulsando legislaciones progresistas para legalizar los matrimonios del mismo sexo y para aprobar las licencias de conducir para los indocumentados. La historia de su gloria y pasión ha sido reportada ahora por todos los medio noticiosos del mundo. Las autoridades descubrieron que era el “cliente número 9” de un servicio de prostitución de alto turmequé, donde la compañía de una de las “modelos” (como llamaban los dueños del negocio a las prostitutas) podía costar desde mil dólares la hora hasta 21 mil dólares el día.

Spitzer gozaba de buena compañía en el servicio de prostitución, llamado “Emperor’s VIP Club”, según se reporta, ya que hasta el duque de Westminster en Inglaterra, un hombre cuya fortuna sobrepasa los 15 billones de dólares, allí simplemente era conocido como el “cliente número seis”.

Mientras los informes de prensa se dedican a explotar el ángulo sensacionalista del asunto y a inundar sus primeras planas con fotos de la “call girl” de Spitzer, un importante aspecto de este drama ha pasado convenientemente a un segundo plano, y es cómo se descubrió que Spitzer era uno de los usuarios del Emperor’s VIP.

Después del 11 de septiembre, el gobierno de los EE. UU. se convirtió en una gran agencia de espionaje, no sólo de “terroristas” sino de sus propios ciudadanos. Fue así que enlistó a proveedores de Internet, servicios telefónicos, bibliotecas, entidades bancarias, etc. para que sirvieran como servicios de espionaje de facto del gobierno estadounidense. En el caso de Spitzer, un banco reportó al gobierno “transacciones sospechosas” en las cuentas bancarias de Spitzer, quien pasaba de una cuenta a otra unos cuantos miles de dólares para pagar los servicios de Emperor’s VIP. El FBI se dedicó a investigar con ahínco y lo único que descubrió era que se trataba del gobernador de New York haciendo pagos a un servicio de prostitución y que no se trataba de ningún Osama bin Laden comprando putas de destrucción masiva. La investigación se debió haber quedado allí, pues las leyes “antiterroristas” eran supuestamente para cazar terroristas y no ciudadanos arrechos. Sin embargo la historia continuó y el FBI grabó más de cinco mil llamadas para poder incriminar a Spitzer y al servicio de prostitución. ¡Si hubieran tenido toda esa arrechera investigativa antes del 11 de septiembre, éste seguramente no habría ocurrido!

Aunque la ley bancaria ya estaba en efecto desde 1996 (Se llama “Informe de Actividades Sospechosas” o SAR por sus sigla en inglés), a partir del 11 de septiembre los bancos fueron forzados por medio de multas a producir informes, en cantidad tal, que de unas 60 mil “actividades sospechosas” reportadas en 1996, para el 2005 la cifra ya iba en medio millón y para el millón en el 2007. Resulta que ahora cualquier actividad bancaria, sin importar por qué se hacía, sólo por el hecho de que fuera de cinco mil dólares o más, era sospechosa y había que reportarla. Por ejemplo, una pareja pagó su tarjeta de crédito y fue reportada a la oficina de “Seguridad de la Patria”, el pago según el banco se desviaba de lo normal. Y ahora los bancos informan acerca de cualquier transacción de ese tipo, por mundana que sea, para que el gobierno no les caiga encima y les imponga multas de millones de dólares. Sin embargo, dicen los críticos del SAR, es tal la cantidad de información que se ha generado, que resulta casi imposible verificar todos los datos, lo cual hace que la ley sea bastante inefectiva.

No obstante, en el caso del gobernador Spitzer fue diferente. Se trataba de un gobernador demócrata y la investigación representaba una oportunidad de oro para poner su cabeza en bandeja de plata para el gobierno republicano y así lo hicieron. Ahora el gobernador ha renunciado en desgracia, la “call girl” será famosa y millonaria (ha vendido más de 200 mil dólares en descargas de una canción que había puesto en Internet) y se informa que la revista Penthouse le ha ofrecido un millón de dólares por posar en traje de Eva en uno de sus números.

En resumen, mientras que el presidente Bush miente cerca de un millar de veces para invadir sin causa alguna un país y mata casi un millón de personas en una guerra genocida y permanece en el poder, en contraste, un gobernador se echa un polvo con una prostituta y de la noche a la mañana debe renunciar por “inmoral”. Hacer el amor es entonces es un crimen, pero hacer la guerra, por inmoral que sea, es el premio gordo de la lotería guerrerista.

Moraleja, si W. Bush hubiera sido socio del Emperor’s VIP Club, tal vez hubiera liberado su energía sexual haciendo el amor y no la guerra.

www.escritoresyperiodistas.com

Mario Lamo Jiménez

2 comentarios:

BeelzebuDasHell dijo...

A ver,. como es eso que mato a un millon de personas? No puedes decir que mentir es malo y despues salir a decir idioteces de ese calibre.

MARIO dijo...

Muy buena reflexión! Beelzebudashell idioteces es que quieras defender lo indefendible
¿Por qué no te callas?