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jueves, 7 de febrero de 2008

Una historia de amor

Hoy es lunes, me desperté pensando que sería un día rutinario pués había olvidado la fecha, pero al ver a todos aun durmiendo me percaté que no era un día normal, corrí a la computadora y descubrí que estamos en carnaval, emocionado voy a los cuartos y despierto a todos, todavia es temprano en la mañana y puedo inducirlos a salir a pasear. El acuerdo fue total, iremos a la playa.

Aprovechando el azueto de carnaval nos escapamos hacia una de las más hermosas playas del Edo. Falcón, en Venezuela. Esta playa está situada en el extremo norte del país, su entorno es agreste y la vegetación es xerófila, pero una duna gigantesca de dorada arena cae de repente sobre el mar formando un paisaje que invita y cautiva. Estoy hablando de la playa del "Cabo San Roman".
Antes de llegar a la playa, a la que solo se puede acceder en vehiculos todo terreno, hicimos escala en el faro. Pude ver que había sido restaurado y lucía muy bien, siempre erguido y soportando la brisa fuerte y permanente que sopla en este aislado rincón de nuestra patria.


Caminé por los alrededores entre un pedregal interminable y me senté a meditar frente al mar y a observar lo maravilloso de la naturaleza, al mismo tiempo que me preguntaba por qué los humanos se empeñan en destruir todo a su paso. Me imaginé estos bellos parajes llenos de edificios, casinos, bullicio y contaminación y pensé cuanto tiempo pasará para que la voracidad humana se trague el paisaje.

Salí de mis cavilaciones cuando oí que me llamaban para proseguir el camino hasta la playa, faltaban escasos kilómetros para llegar.

Mientras nuestro vehículo avanzaba, imaginé las suaves partículas de dorada arena y las cálidas, transparentes y limpidas aguas del cabo, una punta de tierra que se interna en el mar Caribe.

Al fín llegamos, hemos recorrido 500 Kmts. desde que salimos de casa y estoy ansioso e inquieto, no veo el momento de meterme en el agua. De repente allí estaba ella, acompañada por una amiga y su familia, era una morena hermosa y radiante. Cruzamos la mirada y yo quede fulminado de amor, sus ojos brillantes, su piel de seda, su negro pelo, sus hermosas piernas, su figura de concurso y la perfecta dentadura que mostraba a traves de su sonrisa, me enamoraron de inmediato. Este viaje prometía ser inolvidable.

No podía dejar de observarla, pero su familia estaba muy pendiente de ella y yo no encontraba el momento para acercarme, quería que todo fuese perfecto. Pude ver como corria alegre por la playa y luego como se acostaba sobre la arena y me miraba con picardía, como seduciéndome pero timidamente. Yo seguía hipnotizado por tanta belleza y haciendo un esfuerzo enorme, salí del trance para escurrirme lentamente hacia ella. Yo sabía que su familia me observaba, por lo que me porté como todo un caballero. Al poco tiempo ya corriamos juntos por la playa o nadabamos muy cerca el uno del otro, ya nuestros cuerpos se rozaban discretamente y podía sentir la suavidad de su piel que me enamoraba más a cada instante.

La tarde fue cayendo poco a poco y el sol se ponía sobre un firmamento despejado que mostraba un color rojizo desde unas nubes lejanas y difusas, solo el graznido de las aves marinas rasgaban la tranquilidad del día. Dentro de poco debiamos partir, ella con un rumbo y yo con otro, quedaba poco tiempo para nuestro amor. Aprovechando la confianza de nuestras familias, no fuimos caminando por la playa, mientras un mar cómplice de nuestro amor borraba nuestras huellas con el agua. Nos alejamos de toda mirada curiosa y entre unos arbustos, sobre una suave cama de arena, la hice mía y fuí suyo, nos amamos con la certeza de tener que separarnos, fue maravilloso. Ya no podríamos olvidarnos mutuamente, ya teniamos una historia.
A lo lejos sentimos gritos que nos llamaban, nos arreglamos y emprendimos el regreso, luego cuando eramos visibles, corrimos por la playa hacia nuestra separación. Ella llevaba lagrimas en los ojos y yo un gran dolor en el corazón.

Nuestras familias intercambiaron teléfonos y despedidas, nosotros intercambiamos miradas de tristeza y complicidad. Mi corazón saltaba como loco, debí meterme en el vehículo para soportar la despedida y pude ver como se alejaban por el sendero de tierra y arena, endurecido quizá por tantas otras despedidas y por el peso de los todo terreno que lo transitan.

En el regreso estuve en silencio, no podía olvidar cada momento vivido, su belleza, su cuerpo, su olor, nuestro secreto. No se cuando la volveré a ver, solo espero que sea pronto o moriré de melancolía y me volveré bohemio y meditabundo.

Te amo Princesa, donde quiera que estés. Ojalá encuentres mi blog.

Saludos...Moliere.

PD: Pinche aquí para ver la foto de mi princesa.

Continuará...

2 comentarios:

DianNa_ dijo...

Preciosa historia y que triste, ainsss.
Besos
Silvia^^

Yosmary dijo...

Moliere, que linda será que se vuelven a encontrar? Ojala!

Besos