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sábado, 9 de febrero de 2008

El Combatiente

Una noche de mayo del año 2005 tuve la gran oportunidad de comenzar trabajar para una persona que me ha dado conocimientos valiosos y a quien admiro por su incuestionable moral y ejemplo digno para los hombres y mujeres que luchan sin descanso para resolver problemas, denunciar las injusticias y multiplicar las cosas buenas que existen.

El es un venezolano, con un corazón que no tiene cabida para la malicia y que siempre cobija a todos quienes lo necesiten y a veces a quienes ni lo merecen. Recuerdo que cuando lo conocí tenía la sensación de haberlo conocido desde hacía mucho tiempo, sus relatos mientras tomábamos café era como recordar algunas de mis vivencias de tiempos recientes, con sus héroes y protagonistas anónimos de los que casi nunca se escribe.

Por aquellos días del 2003, Venezuela acababa de salir de un Paro Petrolero que dejó al país en una crisis económica, social y política que necesitaba de muchas personas patriotas que dieran todo por el todo para salir del espiral innecesario al que nos habían sometido. Fue entonces cuando el mandatario del país decidió convocar para servir a la nación a aquel hombre por su inteligencia, lealtad y sus sabias opiniones.

El se presentó en Palacio de Miraflores y escuchó la propuesta del mandatario, que no era otra que ser la persona que le informara lo que a diario pasaba en Venezuela y en el mundo, además diera sus consejos a seguir. El aceptó la propuesta a cambio que se les respetara tener un espacio para su privacidad y unas horas al mes para visitar a su familia que dejaría en su ciudad natal, a cientos de kilómetros de distancia. El mandatario estuvo de acuerdo, y el compañero comenzó a trabajar hasta niveles de extrema dedicación laboral, lo que ni le afectaba porque cuando se trabaja con amor todo lo que se da muy gratificante.

No pasaron en vano los aciertos que él logró para la república, pero los enemigos y envidiosos no le faltaron desde aquel entonces, quienes por sus despreciables comportamientos en la administración pública nunca les convendrá que personas honestas pongan en evidencia el arribismo, la corrupción y la traición al pueblo. Tal fue y continúa siendo la animadversión que sienten por este hombre, que comenzaron a difamarlo y a construir un mito de desprestigio en torno a él y sus más cercanos colaboradores.

Llegó un día en que el mandatario no soportó más las intrigas y decidió prescindir de sus valiosos servicios, sin ni siquiera una reunión con aquel hombre, ni una carta, ni un simple adiós.

Pasaron meses para volver a encontrarse, pero la oportunidad se dio en un pueblo en el que se hallaron por cuestiones del destino. Recuerdo claramente que el amigo estaba vestido sin corbata, ni relojes. Estaba como el "sistema establecido" no permite: vestido humildemente, con aquella sencillez por la que tantas veces le llamaron la atención en aquel trabajo.

En esta ocasión mi amigo hablaba de los cambios que consideraba necesarios para el país e informaba a una muchedumbre sobre la nueva etapa para seguir conquistando logros populares. El mandatario lo escuchó con sorpresa, ya que para él, según las informaciones de sus ministros, era una persona de cuidado en la que no se podía confiar.

Al finalizar la asamblea se acercó a él y le preguntó:

- ¿Por qué estás haciendo esto, no se supone que deberías estar trabajando en contra del gobierno por las irregularidades de "mis" ministros?

A lo que él contestó:

- Señor presidente, sin estos momentos de lucha permanente con las comunidades y bien lejos de las intrigas del palacio, no podría conseguir lo que siempre hemos soñado, no me sentiría bien conmigo mismo ni con mi conciencia. Aquí seguiré, empeñado en ver y sentir las cosas desde las necesidades de los más pobres, a quienes la mayoría de tus ministros, gobernadores y alcaldes no han tomado en serio. Ojalá tu no sigas confiando en aquellas personas que aunque se dicen tus "hermanos y amigos", siguen siendo los mismos que junto a los antipatriotas, tanto daño le han hecho a nuestro pueblo.

Allí se quedó con los ojos empañados y el corazón repicando con la rapidez que se paseaba por sus amargos recuerdos. Mientras nosotros nos alejamos para seguir la lucha por todos los caminos cantando y con una felicidad especial, siempre teniendo presente una proclama de un gran educador cubano: "La mejor manera de decir es hacer".

1 comentario:

DianNa_ dijo...

Me gustó tu relato, suerte nena , besitos^^