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viernes, 17 de agosto de 2007

El agua embotellada, nueva oveja negra de los ecologistas estadounidenses

Pese a su aire inocente, es la última oveja negra de los ecologistas estadounidenses: el agua embotellada, acusada de sumar inutilidad y contaminación, es objeto de una encarnizada batalla en Estados Unidos.

Desde hace unos meses se han multiplicado los llamados para exhortar a los estadounidenses a abandonar el hábito de consumir agua embotellada y retomar el reflejo de beber agua del grifo.

"Este país dispone de uno de los mejores suministros de agua pública del mundo. En vez de consumir 15.000 millones de litros anuales de agua embotellada deberíamos comenzar a pensar lo que estas botellas hacen al suelo", indicó a inicios de mes un editorial del New York Times.

Un consumo de tal magnitud puede parecer astronómico. Pero en la apertura de la "Semana mundial del agua" el lunes en Estocolmo, los organizadores del congreso recordaban que los norteamericanos consumen cada día 400 litros en total, contra 10 litros de las personas pobres de los países en desarrollo.
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Y los estadounidenses demandan cada vez más agua embotellada. Según la Beverage Marketing Corporation, el consumo aumentó 9,7% en 2006 para alcanzar casi 11.000 millones de dólares anuales.
Agua embotellada no significa agua mineral, pese a que los estadounidenses se niegan cada vez más a pagar sin tener clara la diferencia. A fines de julio, PepsiCo se vio forzado, bajo la presión pública, a precisar en sus botellas de Aquafina que el agua provenía de hecho... del grifo.

"Es un primer paso importante", subrayó Gigi Kellett, directora de la campaña Think Outside the Bottle (Piense fuera de la botella), que lideró el reclamo. "A la gente le preocupa ver el agua cada vez más controlada por las empresas", añadió.

Y es que mineral o no, el agua embotellada cuesta cara. El New York Times estima que un año de consumo puede costar hasta 1.400 dólares, contra apenas 49 centavos en el caso de que se beba agua del grifo.

Sin embargo, "el agua embotellada no es necesariamente más limpia o más segura que el agua del grifo", afirma, en base a un estudio científico, el Consejo de Defensa de los recursos naturales (NRDC), que sostiene que la reglamentación no alcanza para asegurar la pureza del agua embotellada.

Otro ángulo del ataque es el desperdicio de los envases: según Earth Policy Institute, se necesitan 1,5 millones de barriles de petróleo por año para fabricar las botellas consumidas por los estadounidenses.

Si a eso se le suma la energía necesaria para el transporte -el agua más codiciada proviene de Francia, Italia o las Islas Fidji- la carga ecológica aumenta fuertemente.

La campaña llega hasta los responsables políticos: el alcalde de San Francisco decidió dejar de comprar agua embotellada para sus funcionarios y la ciudad de Nueva York lanzó una vasta campaña para impulsar a sus habitantes a beber el agua del grifo.

Ante la andanada de críticas, las industrias lanzaron la semana pasada una campaña publicitaria en la prensa.

"Nuestro sector ha sido recientemente objetivo de críticas erróneas de parte de grupos de activistas y de algunos alcaldes que presentan como hechos informaciones erróneas", aseguró la asociación internacional del agua embotellada (IBWA).

La IBWA recuerda que el agua embotellada ha permitido que los estadounidenses pierdan el hábito del consumo de sodas y afirma que no debería ser el único objetivo en nombre de la defensa del medio ambiente.

"Si el debate se refiere al impacto de los envases plásticos, el agua embotellada es solo una pequeña porción de los productos envasados", indicó Joseph Doss, presidente de la asociación.

"Todo esfuerzo para reducir los recursos necesarios para la producción y distribución de productos envasados y aumentar el reciclaje debe apuntar a todos los envases", añadió.


AFP

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