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sábado, 16 de junio de 2007

Cuida tus Senos

En el posparto y la lactancia debes seguir una rutina de cuidados para mantenerlos hidratados, firmes y saludables.

Consejos prácticos.
Los senos son una de las partes del cuerpo que más sufren cambios con el embarazo. Cada uno de ellos posee una serie de glándulas pequeñas rodeadas de grasa que se abren al exterior por medio de conductos ubicados en los pezones.

Debido al aumento del nivel hormonal, propiciado para darle al bebé todo lo que requiere para su adecuado desarrollo, los tejidos glandular y graso de las mamas aumentan de tamaño, lo que provoca el abultamiento de los senos y la aparición de venas visibles en la piel que jamás habías percibido.

Después del parto
Si no tomas las precauciones debidas, este rápido crecimiento provocará la aparición de marcas en la piel: las temidas estrías, que son irreversibles.

A partir del momento que conozcas tu nuevo estado, debes iniciar un proceso constante de cuidado de tus senos. Puedes agilizar los procesos de circulación en toda el área que los circunda y en los senos mismos (además de abdomen y muslos) con el uso de una crema hidratante. Dedícale dos sesiones de 5 a 10 minutos en la mañana y en la noche.

Aunque no ocurre en todos los casos, es posible que luego de tener a tu hijo observes que tus senos no lucen como antes y los veas caídos o de menor tamaño.

Una vez has dado a luz, las hormonas se reducen, el proceso se revierte y el pecho puede atrofiarse. Además, la piel de los senos se resiente dado que no cuenta con mucha elasticidad, lo que hace que se caigan o se reduzcan en alguna medida.

También puede ocurrir por razones anatómicas: la glándula mamaria no cuenta con músculos que la sujeten. Frente a este panorama debes actuar con prontitud.

Ejercicios

Diez minutos de ejercicios diarios pueden ayudarte para fortalecer tus pectorales. Antes de practicarlos consulta con tu médico. El primer ejercicio lo debes realizar de pie. Une tus manos, palma con palma, a la altura de tu pecho y presiona una contra otra, al menos 20 veces. En la misma posición enlaza tus manos detrás de la espalda y trata de llevarlas hacia arriba, sin flexionar los codos. Hazlo 10 veces.

Describe círculos simultáneamente con los dos brazos mientras estás sentada, sin olvidar respirar de manera adecuada. En esta misma posición, extiende los brazos en forma de cruz, con las palmas hacia arriba. Lleva los brazos al frente sin doblar los codos y vuelve a la posición inicial. Realiza este ejercicio de 8 a 10 veces.

Cuidados esenciales

Lubrica tus senos con aceite de bebé: apoya las manos en las mamas, sujétalas firmemente y dirige los dedos hacia el pezón. Luego, presiona con el dedo índice y el pulgar la parte exterior de éste, hasta que brote la leche. Estos masajes ayudan a estimular la salida del pezón cuando se encuentra invertido.

Asimismo, puedes darte un masaje con guante de crin. Hazlo de forma circular, abarcando el área de las estrías.

Lava los pezones para evitar que se irriten. Usa agua tibia, una esponja muy suave con gel neutro y asegúrate de secarlos muy bien con una toalla de algodón. Salvo en el pezón, puedes aplicarte una crema hidratante (la misma que usas para el resto del cuerpo). Cuando vayas a alimentar a tu bebé, vuelve a lavar los senos con agua tibia.

La humedad remanente y la constante succión del pequeño somete los senos a una difícil rutina a la cual no estaban acostumbrados. Por esta razón, es común la aparición de grietas sangrantes en los pezones. Por ello, trata de mantenerlos lubricados con aceite de almendras o glicerina y siempre usa sostén. Trata, asimismo, de mantener seca el área de los pezones para evitar infecciones. Los protectores para la lactancia son una buena alternativa, pues evitan que la leche te moje y protegen los pezones de los roces, ahora que se encuentran tan sensibles.

A veces, las secreciones de los senos taponan los conductos por lo que la leche queda retenida y provoca una infección interna. Esta situación genera la conocida ‘mastitis’, una afección muy dolorosa y difícil de prevenir. Vacía tus senos después de cada toma del bebé.

Viste un brasier especial para maternidad: debe resultarte cómodo, de bandas anchas y adaptables y preferiblemente de materiales naturales, como el algodón. Dejar libres los pechos no sólo aumenta el riesgo de aparición de grietas sino que provoca que se caigan y pierdan firmeza.

Autoexploración

Sólo te toma unos minutos cada mes y puede representar la posibilidad de detectar a tiempo alguna irregularidad. Después de la menstruación es el momento más aconsejable para que lo practiques, pues el seno está menos tenso. Tanto la observación como el tacto te servirán para comprobar que están bien.

Para tener en cuenta

En la ducha: coloca el brazo izquierdo tras la cabeza y con las yemas de los dedos del otro describe pequeños círculos alrededor del pecho empezando por la parte superior del contorno del seno. Luego de completar el círculo, sitúa tus dedos un centímetro hacia adentro y describe un nuevo círculo; sigue de esta manera hasta llegar al pezón. Posteriormente, palpa las axilas a fin de descartar la presencia de pequeños bultos.

Frente al espejo: coloca tus brazos detrás de la cabeza; observa detenidamente tus senos procurando detectar alteraciones de color, tamaño y forma. Haz lo mismo con los brazos sobre la cadera; presiona los hombros y los codos hacia adelante para flexionar los músculos pectorales y examina su aspecto.

Acostada: ubica una almohada bajo tu hombro izquierdo y levanta la mano del mismo lado sobre tu cabeza. Examina el seno siguiendo la misma forma que en la ducha. Oprime el pezón para detectar si hay secreción.

Consulta al médico si presentas alteraciones al tacto o en el aspecto de la piel de los senos; si notas pliegues, descamaciones o enrojecimiento; si percibes bultos en los senos o axilas al tacto que no desaparecen luego del período, y si tu pezón se ve ulcerado o notas pérdida de líquidos a través de éste.
Terra

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