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jueves, 24 de mayo de 2007

La ciencia y la invisibilidad de Harry Potter

Para el aprendiz de brujo Harry Potter nada resulta más sencillo que convertir un objeto en un ente invisible, pero le ha salido un rival: la tecnología, que prevé presentar en unos años los primeros prototipos de una capa de invisibilidad para subsanar su retraso. En mayo del 2006 dos investigadores, Graeme W. Milton (Universidad de Utah) y Nicolae-Alexandru P. Nicorovici (Universidad de Sidney) publicaron un estudio en la revista británica Proceedings of the Royal Society según el cual la invisibilidad resulta matemáticamente factible.

Partiendo de "las frecuencias de la luz visible, es imaginable (la creación de un dispositivo) probatorio en un plazo de cinco años, aunque las aplicaciones prácticas llevarán bastante más tiempo", afirmó a AFP Sir John Pendry, el teórico británico que marcó el inicio hace un año de la carrera hacia la invisibilidad.

En octubre pasado Pendry y sus colegas lograron ocultar un cilindro de cobre de una decena de centímetros iluminándolo con un haz de ondas electromagnéticas. La experiencia no funcionaba a la luz visible, sino en el espectro de frecuencias radar, y se limitaba a dos dimensiones para simplificar el experimento.
Quedaba demostrado que la invisibilidad no era sólo fruto de la imaginación de los novelistas.

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La luz tiene tendencia a desplazarse en línea recta. Albert Einstein fue el primero que demostró que podía ser curva por el poder gravitatorio de una estrella. Algunos materiales terrestres, como el agua, también poseen esta propiedad de desviar la dirección de la luz.

Pero para que la luz esquive un volumen predefinido -cuyo contenido quedaría oculto de las miradas en todos los ángulos de visión- hay que recurrir a materiales que todavía no han sido inventados: los "metamateriales". Al igual que cambia el curso de un torrente cuando tropieza con una roca, las ondas luminosas también prosiguen su camino sin obstáculos pero con un ángulo diferente, por lo que la técnica a aplicar es bastante diferente de la utilizada para ocultar los aviones de guerra, algo que se consigue reduciendo al máximo las ondas que reflejan.

Si introducimos un palo en el agua dará la impresión que está roto. De modo que los metamateriales deberán tener un índice de refracción negativo.

"No existe en estado natural material alguno con un índice negativo", afirma Frederic Zolla, del Instituto Fresnel de Marsella, por lo que será necesario estructurar materiales existentes para conferirles esa propiedad.

La naturaleza muestra el camino a seguir, con el nácar o los élitros de los insectos. "Sus colores cambiantes no se deben a pigmentos, sino a microestructuras que reflejan la luz de forma diferente", recalca el investigador.

Como las ondas infrarrojas de los radares tienen tan solo unos milímetros de longitud, es relativamente fácil inventar un material con capacidad para desviarlas, como en el experimento de Pendry.

Algunos investigadores adelantan que no se podrá obtener la invisibilidad en el conjunto de las frecuencias electromagnéticas y, sobre todo, que es imposible que un aprendiz de brujo pueda ver lo que sucede en el exterior de su capa. "En la historia de Harry Potter, falta un pequeño fragmento de física", comenta con humor Pendry.

AFP

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