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domingo, 15 de abril de 2007

Morir de Amor

Sí, al parecer es posible morir por un corazón roto. El tema no es nada romántico. Tiene que ver con evidencias cada vez más concretas de la relación entre las emociones y el aparato cardiovascular. Incluso hay especialistas que aseguran que el corazón es víctima de las emociones, y no su origen.

Se conoció una investigación de científicos británicos de la Universidad College London y la Facultad de Medicina Brighton & Sussex. Descubrieron que las zonas más altas del cerebro, usadas para el aprendizaje, la memoria y las emociones, pueden desestabilizar el músculo cardíaco de quien sufre enfermedad coronaria durante un período de estrés, como la pérdida de un ser amado, lo que puede generar un ritmo cardíaco doloroso.

Hace tiempo se cree que hay relación entre los traumas emocionales y los ataques cardíacos, pero se pensaba que eran regiones más primitivas, como el tronco cerebral, las que enviaban los mensajes al tejido del corazón.

Investigadores de la Facultad de Medicina Johns Hopkins probaron que se puede morir por un “corazón roto”. Estudiaron pacientes con arterias sin coágulos que sufrieron infartos luego de cuadros de estrés emocional, como la muerte de la pareja, y encontraron que los niveles de hormonas del estrés en sangre eran tres veces más altos que los de las víctimas de infarto convencionales. Son conocidos los casos del “síndrome del corazón roto”, en el que la pareja muere luego de morir su esposa o marido.
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“Las relaciones entre las emociones y el aparato cardiovascular han sido objeto de interés desde tiempos remotos. Durante siglos el corazón fue pensado como el sitio donde nuestras emociones se originaban. Sin dudas esto estuvo basado en la observación cotidiana de que todo aquello que no nos resulta indiferente, produce cambios objetivos en la función cardíaca”, dice Marcelo Cetkovich, jefe de Psiquiatría del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro e Ineco. Y cita a William James, precursor de la psicología científica del siglo XIX, quien afirmaba que las emociones son el correlato neurovegetativo de las representaciones mentales. “Sin embargo, la ciencia muestra que el corazón es más la víctima que el origen de las emociones -dice Cetkovich-. En los últimos años varios estudios mostraron que los trastornos afectivos están sobrerrepresentados en personas con enfermedades cardiovasculares, aumentando la posibilidad de una evolución no tan favorable.

“Las relaciones entre los trastornos del sistema nervioso central y el aparato cardiovascular son íntimas y complejas y el acceso a un diagnóstico psiquiátrico precoz en personas con enfermedades cardiovasculares son necesarias”, agrega Cetkovic.

Al menos un 30% de los pacientes con enfermedad cardíaca padecen o van a padecer sintomatología psiquiátrica, particularmente depresión y ansiedad. Existe evidencia suficiente que indica que el tratamiento precoz y adecuado puede mejorar significativamente la morbimortalidad por causas vasculares.

La depresión y la ansiedad, además de aumentar el riesgo vascular, disminuyen la adhesión terapéutica a la medicación y a la rehabilitación.

Vía Los Andes